San Miguel Viejo: Puente entre dos mundos

Por José Arturo Morales Tirado

San Miguel Viejo es más que el primer asentamiento de españoles (Diego de Nieto y Fray Juan de San Miguel, entre otros) y sus aliados indígenas, de los principales señores otomíes de Jilotepec (Nicolás de San Luis Montañés y Conín o Hernando de Tapia, más otros de Tlaxcala y Oaxaca). Es más que el símbolo de las primeras construcciones españolas en estas tierras y más que los primeros símbolos católicos en estas tierras fronterizas entre la Mesoamérica volcánica y la Aridamérica semidesértica. San Miguel Viejo es el testimonio vivo y construido de la evolución natural y cultural de la región en los últimos 25 siglos.

En el valle más meridional de su subcuenca superior, en el inicio de Aridoamérica, en la ribera oriental del río Laja, se asentaron los primeros grupos de la tradición cultural mesoamericana de Chupícuaro hace 2.500 años, a finales del periodo Formativo o Preclásico mesoamericano. Sus asentamientos eran comunidades agrícolas centradas en el maíz, frijol, calabaza, chile y muchas más especies agrícolas. Se mantuvieron así durante casi 500 años, formando parte de la civilización mesoamericana, una de las seis civilizaciones originales del planeta (las otras cinco civilizaciones originales, según Miguel León Portilla, se desarrollaron en torno al río Amarillo de China, el río Indo de la India, los ríos Tigris y Éufrates de Mesopotamia, el río Nilo de Egipto y la región de los Andes centrales de Sudamérica). 

Parte de los artefactos culturales de los Chupícuaro durante su estancia en San Miguel Viejo eran sus espléndidas cerámicas blanco sobre negro y rojo sobre moreno. También están las cerámicas vidriadas originales con significativas referencias fisiográficas locales a los altépetls (cerros sagrados) incluyendo el Cerro del Monito, la Cruz del Pueblo, la Cruz del Río, e incluso, alrededor de los coecillos (templos mesoamericanos) del sitio arqueológico de San Miguel Viejo.

En el periodo Clásico Mesoamericano, entre el 500 y el 1100 d.C. aproximadamente, lo que hoy es el sitio arqueológico de San Miguel Viejo fue desarrollado por indígenas del grupo cultural Otopame, y se extendía alrededor de la actual subcuenca del río Laja Superior. Por la ubicación de sus al menos nueve coecillos, ocupaban un área de unas 150 hectáreas en torno a los humedales y terrenos agrícolas de la confluencia del río Laja y el arroyo Cachinches (con su origen en los manantiales del sitio arqueológico de Agua Espinosa). 

El basamento piramidal principal (con patios hundidos y plataformas) se encuentra a unos 800 metros al oeste de la actual Capilla de los Indios. El coecillo principal está al este de la Mesa Grande del Malanquín y del manantial Ojo de Agua en el famoso Cerro de Montequehuma. Al oeste están los coecillos de Toriles en la Mesa del Gato y al norte los coecillos de La Cieneguita y Xoté. Y por último, está el amanecer del solsticio de verano en la Cruz del Pueblo y el amanecer del solsticio de invierno en la Cruz del Perdón en la boca del cañón de Tinajitas en la base del volcán Palo Huérfano (o Los Picachos). Para el arqueólogo sanmiguelense Luis Felipe Nieto Gamiño, este fue uno de los centros urbanos o mixtos más extensos de esta Frontera Tierra Adentro, junto con los sitios arqueológicos de San Antón Ceballos y La Grulla. 

San Miguel Viejo ocupa una región en la frontera cultural y geológica entre la Mesoamérica volcánica al sur y el semidesierto de Aridoamérica al norte. Entre los siglos XIII y XVI, la región estuvo habitada por grupos de tradición cultural chichimeca, entre ellos grupos de copuces, guamares, guaxábanas y otros, hasta su encuentro en la década de 1530 con los primeros españoles y sus aliados otomíes de Jilotepec. Los cimientos históricos de la estructura moderna comenzaron como una capilla de adobe, palma y madera en 1542, por Fray Juan de San Miguel, Diego de Tapia, más los fundadores de San Juan del Río y Santiago de Querétaro: el futuro cacique de Tula, Nicolás de San Luis Montañés y el principal de Jilotepec, Hernando de Tapia o Conín.

Después de 3 años, esta primera capilla fue destruida, y en la década de 1570 se construyó un presidio para los soldados españoles y los gambusinos (buscadores de oro y plata) con una capilla de mampostería para los indios que evolucionaría hasta la actual, construida a finales del siglo XVI y principios del XVII.

Debido a la compleja dinámica política, económica, cultural, social y ecológica de la Frontera de Tierra Adentro, el sitio arqueológico y los bienes culturales coloniales de San Miguel Viejo han sufrido el abandono y las intervenciones entre 1542 y 1942 que han desfigurado esta maravilla de nuestro patrimonio natural y cultural que aún conserva gran parte de su valor excepcional. 

Continuará.

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